Rodrigo Sauzas, mecánico de automóviles de Jerez de la Frontera, levantó ayer a su bebé de dos meses con un gato hidráulico para cambiarle el pañal sucio y sustituirlo por uno nuevo. “Hay que mantener el pañal limpio porque si no se producen rozamientos que irritan la parte posterior, y si aplicamos grasa alrededor mejor”, argumenta el padre, que aprovechó también para “cambiar la goma del chupete por prevención, aunque no había llegado aún a las mil quinientas succiones”.

Sauzas insiste en que el procedimiento que emplea “es el de toda la vida”, aunque la madre de la criatura considera que el niño “puede lastimarse si se cae del gato, que por otro lado no hace ninguna falta”. El padre, sin embargo, no admite críticas: “No me van a explicar a mí cómo se cambia un pañal”, sentencia.

El mecánico señala que su hijo “consume más de lo que debería, casi 125 mililitros de leche cada seis tomas”, lo cual, según él, “se traduce en más cambios de pañal, lo que encarece en general el mantenimiento”.

De momento, el hombre rehúsa sacar el bebé a la calle por miedo “a la primera rascada, que siempre jode”.