Más de un mes después del fallecimiento de Stephen Hawking, la Universidad de Cambridge ha reconocido que las contribuciones a la física contemporánea del célebre teórico se basan en cálculos erróneos e ideas imprecisas y más bien literarias. Aunque insisten en que “todo lo que hizo tuvo un enorme mérito dadas sus circunstancias personales”, sus compañeros proponen “avanzar ahora en la senda correcta sin miedo a que el profesor Hawking intervenga con sus ocurrencias, recuperando el tiempo perdido”.

“Era una persona increíble, con una voluntad de hierro y un corazón de oro, y sus libros pasarán a la historia de la literatura infantil y juvenil”, defiende Stephen Toope, vicerrector de la Universidad de Cambridge. Admite, sin embargo, que cuando Hawking se animaba a participar en cualquier investigación en curso “tardaba días enteros en expresar sus ideas, ideas que no tenían nada que ver con lo que se estaba tratando, y mientras tanto el resto teníamos que esperar callados, fingiendo interés y, por supuesto, intentando no contradecirle para no alargar más el asunto”.

Los científicos consideran que “el mayor homenaje que podemos rendir al profesor” es seguir avanzando en el conocimiento sobre el mundo “ahora que no está él para sentirse herido si descartamos todo lo que dijo, todo lo de los agujeros negros y los horizontes aparentes y demás historias que nos obligaron durante años a mordernos la lengua y poner buena cara”.

La comunidad de físicos ha recordado, “ahora que ha pasado el tiempo razonable de luto”, el famoso encuentro de 1988 entre Stephen Hawking, Carl Sagan y Arthur C. Clarke en el que Sagan fue captado por las cámaras preguntando “¿Quién es el papanatas ese?”, momento que pudo ser censurado antes de que el propio Hawking o sus familiares lo vieran. Ahora, ese fragmento de vídeo ha sido recuperado y corre como la pólvora entre el personal de la universidad.