“Hace 51 años la CIA asesinó a Fidel Castro, que ha muerto esta misma noche. Misión cumplida”, admitía John Brennan, director de la CIA, el pasado sábado de madrugada. El asesinato del líder histórico se puso en marcha en 1965 y tenía como objetivo atentar contra la vida del líder cubano esperando que transcurriera el tiempo y falleciera de muerte natural.

“El plan era infalible, Castro quedó sentenciado en cuanto se puso en marcha”, se congratulaba el director de la agencia de espionaje.

El plan del magnicidio, denominado “Operación Chándal”, detallaba que el comandante envejecería lentamente y hasta morir a los noventa años, tal y como sucedió la noche del pasado viernes en La Habana. La operación contemplaba que el cuerpo de Castro se marchitaría lentamente hasta quedarse sin vida de forma casi inapreciable.

El dosier, que se ha mantenido en alto secreto hasta ahora, adelantaba que el líder estaba condenado a sufrir pérdida de agilidad, degeneración progresiva de las células y pérdida de la capacidad regenerativa de las mismas. “Se ha cumplido a rajatabla”, ha insistido Brennan.

El hermano del líder, el presidente Raúl Castro, fue el primero en comunicar el magnicidio en un mensaje de televisión. “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo de que hoy 25 de noviembre a las 10.29 horas de la noche el comandante en jefe de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz, ha sido asesinado de viejo”, dijo emocionado. Ha prometido que pedirá explicaciones al gobierno estadounidense.

La operación ha sido una de las más largas de la historia de los servicios secretos. Según la CIA, aunque el gobierno cubano hubiera sido consciente del plan, no habría podido hacer nada para evitar la muerte de Castro.