La serie de zombies The Walking Dead ha arrancado su séptima temporada renovando a la mayor parte de sus actores y figurantes, incluido el zombie número 2.578, Rob Larson, que murió de un ataque al corazón hace tres semanas. “No estaba clara su permanencia en el proyecto, faltaba a muchos rodajes para ir al médico, pero ahora que está muerto no se nos ocurre nadie mejor para el papel”, admite Frank Darabont, productor ejecutivo de la serie.

El Sindicato de Actores de EEUU ya ha advertido de que “la contratación del señor Larson establece un precedente en esta serie y confirma el interés de la productora en que los actores que hacen de zombies antepongan su vida laboral a su vida biológica, lo cual es del todo inaceptable”. Denuncia también que el cátering durante los rodajes es cada vez más escaso “y sospechoso”, por lo que recomienda a los actores que “se hagan chequeos continuamente y se traigan la comida de casa”.

La cadena AMC asegura que no va a permitir “que se mate activamente a nadie durante la producción de los contenidos” pero al mismo tiempo apoya “que nuestros profesionales se vuelquen en los papeles que interpretan y hagan todo lo posible por conseguir el realismo que exige una serie de esta categoría”.

“¿Quién no daría la vida por hacer de zombie en una serie tan mítica?”, ha declarado el actor Andrew Lincoln, que interpeta al protagonista, Rick Grimes. “Yo no hago de zombie pero me arriesgo a que un figurante me muerda durante los rodajes”, añade. De hecho, su representante reconoce que los actores que no interpretan a muertos vivientes evitan a toda costa mezclarse con el resto y que “la paranoia y el miedo de la serie está afectando al propio rodaje”. En varias ocasiones, los guardias de seguridad han tenido que apartar a escobazos a varios figurantes que golpeaban la puerta de la caravana en la que descansan los protagonistas “para entrar y comerse su almuerzo”.

Aparte de figurantes ya fallecidos, los responsables de The Walking Dead apuestan también por la contratación de actores españoles que ni siquiera saben que trabajan para una serie de zombies. “Yo llevo seis meses aquí y pensaba que era una película de cine social de Fernando León y que yo interpretaba a un parado hambriento y con la ropa agujereada”, explica Roberto Meijas. La productora americana asegura que “los actores españoles se mueven como los muertos, no vocalizan y cobran salarios más bajos, así que para nosotros son un apoyo fundamental”. De hecho, si se pone el volúmen del televisor al máximo y se leen los labios de los figurantes españoles, se puede apreciar que algunos lanzan líneas de diálogo del tipo “Joder la Merche, me tiene la cabeza loca esta mujer” o “Fermín, enchúfame la máquina de tabaco”, inapreciables para el resto de los espectadores, que sólo ven muertos vivientes farfullando.