La obsesión de Amazon por proteger los productos que manda a sus clientes está provocando serios problemas a los consumidores. El pasado 22 de abril, un usuario de Baltimore que había encargado un paquete de seis pilas alcalinas AAA recibió una caja envuelta con cinco toneladas de cartón y vigilada por seis trabajadores con casco a bordo de un tractor.

El envío llegó en un avión Jumbo 747, en sustitución de los habituales drones que emplea la compañía. “Empecé a oír el sonido del avión cada vez más cerca. Cuando salí al jardín ya estaban posando aquel paquete gigantesco; era casi más grande que mi propia casa”, cuenta el comprador, Jeremy Bringer. Al posarse en el suelo, el paquete formó un cráter de 26 metros de diámetro y provocó un ataque de ansiedad al perro de la familia.

Bringer y su familia tardaron tres días en poder abrir el envoltorio y requirieron el uso de sierras mecánicas, martillos hidráulicos y sopletes. “También tuvimos que alquilar una grúa para que moviese los 16.000 folios de los que constaba la factura incluida en el interior del bulto”, explica el cliente, que tuvo que firmar 5.300 veces en varias páginas del documento.

“Nuestra prioridad es que los productos lleguen en perfecto estado al comprador. Y sí, eso puede significar que el paquete tenga que pesar varios cientos de toneladas” explican desde el departamento de ventas de Amazon.

“En realidad, lo peor no fue el paquete”, cuenta Bringer. “Lo peor fue que, después de tres días intentando abrirlo, nos dimos cuenta de que las pilas no eran del tipo que necesitábamos”, confiesa.

Bringer y su familia han contactado de urgencia con Amazon para anular otro pedido que tenían pendiente, una enciclopedia de ocho tomos. “Viendo cómo envolvieron un simple paquete de pilas, el mero hecho de pensar en cómo pueden envolver una enciclopedia por fascículos nos hace temer por nuestra vida y las de nuestros vecinos”, explica.

“El perro no soportaría otro cráter”, insiste.