Los tacones de aguja pueden producir problemas en los metatarsianos, callosidades, irritación de los nervios y agravamiento del neuroma de Morton. Lo ha confirmado recientemente un equipo de científicos de la universidad californiana de Stanford, que han obtenido datos concluyentes en un experimento con ratones.

Los roedores buscaban excusas para no ir a las fiestas

“El grupo de ratones hembra sometidos a una vida social activa ha desarrollado problemas de sobrecarga en la zona metatarsal, viendo acentuada su curva lumbar por culpa de los tacones de aguja. “Muchos intentaban librarse de su calzado o buscaban excusas de todo tipo para no asistir a las fiestas”, explica Jeremy Campos, uno de los especialistas.

Los canapés los devoraban sin contemplaciones, eso sí, y a veces “utilizaban los tacones como arma arrojadiza para ser los primeros en catar la comida que les íbamos sirviendo en bandejas”, prosigue en científico.

Al final del evento, el 96% de ellos acababan completamente ebrios, con restos de carmín por todas partes, y se apareaban tras los matorrales habiendo perdido los zapatos y con varias carreras en las medias. Al día siguiente, 2 de cada 3 ejemplares se arrepentían y se decían a sí mismos que “nunca más”.

Los ratones sin tacones se quedaron en casa comiendo helado y viendo Divinity

El otro grupo de ratones, que se quedaba en el sofá de la jaula con zapatillas o unos simples calcetines agujereados de Decathlon, no ha desarrollado patologías físicas concretas exceptuando un ligero sobrepeso “por la ingesta compulsiva de helado de chocolate mientras veían el canal Divinity y se preguntaban por qué nunca los sacamos de paseo”.

De prolongarse mucho, la frustración de no tener vida social puede provocar depresión en los ratones hembra, pero “ese problema no es nada comparado con la adicción a la cocaína que desarrolló la mayoría de ratones sometidos a los dictámenes de los tacones de aguja. Tras la euforia inicial, muchos de estos ejemplares acabaron totalmente alcoholizados, descuidando a sus crías y recordando con tóxica nostalgia los días de desenfreno que dejaron atrás”, explica Campos.

El experto lamenta que estos especímenes “ya no sirvan para otros estudios que no tengan que ver con drogas”. Los del grupo sin vida social, en cambio, siguen participando activamente en otra investigación para confirmar que la mayor parte de las ratas de biblioteca no devuelve nunca los libros.

Dolores Parmalat, portavoz en España de la protectora de animales PETA, considera que los experimentos con calzado elegante demuestran que los tacones “limitan la movilidad de la rata mujer y la reducen a su condición de objeto erótico, además de castigarla físicamente a través de sus pies mediante este instrumento de tortura y de simbología de las ratas patriarcales y metamachistas”.