La exprimera ministra británica Margaret Thatcher marcó unas instrucciones muy precisas para la organización de su funeral, en las que dejó una selección de canciones, himnos y lecturas de la Biblia.

Lo que no ha trascendido hasta esta mañana, días después de la solemne ceremonia, ha sido su deseo de ser enterrada junto a su subfusil K-50M, un arma automática alimentada mediante cargador, accionada por retroceso de masas y que dispara a cerrojo abierto.

Cada mañana disparaba al aire o a las paredes durante veinte minutos

Los familiares de la Dama de Hierro prefirieron no desvelar este detalle hasta hoy para evitar que algunos sectores pacifistas intentaran paralizar el entierro y crisparan el ambiente.

“Hasta el último día, Thatcher mantuvo el hábito de levantarse muy pronto por la mañana, tomar una tostada con mantequilla y disparar unas cuantas ráfagas al aire, contra la pared o a los pies del servicio”, explica Lord Timothy Bell, portavoz de la familia.

El subfusil fue un obsequio de Ronald Reagan, que hizo que se lo dejaran bajo la almohada una tarde de 1985 “a modo de chanza”. La K-50M fue una de las principales armas ligeras de las fuerzas armadas soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial, y aunque el entonces presidente norteamericano solo quería asustarla, Thatcher se encariñó con el subfusil y empezó a usar bolsos de mayor tamaño para poderlo llevar siempre encima.

Carol Thatcher, hija de la fallecida, ha confesado a los medios que, hasta el último momento, pensó que iba a heredar el arma. “Por lo visto, era un objeto intransferible. Más que sus medias de camuflaje, que sí dejó para mí”, ha revelado.

“Thatcher pidió pasar la eternidad con el arma en sus brazos, cargada y lista para disparar. Este gesto ejemplifica la firmeza de sus convicciones y la fuerza de su carácter. Hasta el final luchó contra la muerte, destrozando varias cristaleras e hiriendo a un mayordomo en el brazo en sus últimas horas de vida”, añade Bell.