Se ha intentado de todo, pero no se consigue liberar a la anciana.

Laura Boix, pensionista de sesenta años, se sentó esta tarde en la silla de un bar en Palamós y, al tratar de levantarse para ir al servicio, se percató de que la silla se le había quedado pegada al trasero al hacerle ventosa con el ano. “Es un efecto poco común pero no imposible si hablamos de una persona de nalgas prominentes y empapada en sudor. El ano hace vacío” explica el doctor Moré, especialista en física gerontológica. Si no se resuelve el problema mediante fuertes flatulencias, habrá que recurrir al nitrógeno seco para romper el vacío.

“Notaba que me iba hundiendo en la silla, pero me ocurre muchas veces y la cosa nunca pasa a mayores. Pero esta vez, al levantarme, he notado como un bicho agarrándose a los pelos de mi ano. Luego mi amiga Carmen, que estaba conmigo, me ha dicho que era la silla, que estaba pegada a mi culo como una lapa. Yo creo que es porque las hacen de plástico malo” argumenta la afectada.

A pesar de la aparatosidad del incidente, lo que más ha preocupado a Laura Boix ha sido la cuenta del bar, a la que se ha añadido un suplemento por el hecho de haberse realizado la consumición en la terraza. “Encima que soy una pensionista sin posibles, pretenden que pague un plus cuando saben perfectamente lo que me ha pasado. De no haberme sentado en la terraza, en esas sillas baratas, ahora no estaría sufriendo” se queja Boix.

Finalmente, se ha llegado a un acuerdo por el cual la víctima abonará el suplemento pero los responsables del local dejarán que se vaya con la silla si tiene que ser trasladada a un centro especializado para que se le rompa el vacío provocado en su ano, cosa que ocurrirá en breve si ninguna flatulencia termina con el efecto ventosa de manera natural.