Cuando los bebés dejan de ser lactantes empiezan a tomar papillas de avena, una indispensable fuente de nutrientes. Esto, unido a los cuidados y atenciones de sus padres, hace que los niños crezcan fuertes y sanos. Robert Blackice, que fue pediatra durante 15 años en Canadá, se dio cuenta de que estas criaturas acababan convertidas en adultos fÃsicamente sanos pero psicológicamente “débiles”, incapaces de digerir la frustración. Para evitarlo, ha invertido toda su fortuna en desarrollar y comercializar una papilla con sabor a derrota que, según él, “evitará que los bebés se pongan a llorar al menor inconveniente, como viene siendo habitual”.

Se empezará a vender en marzo.
“La vida no es tan bonita como te la pintan cuando eres un niño. Las madres suelen educar a sus hijos diciéndoles que todo puede salir bien si se desea con la suficiente fuerza. Pero luego creces y vas descubriendo que eso no es verdad. A lo mejor te despiden del trabajo después de 15 años de lealtad, luego puede que tu mujer te abandone para irse con tu compañero de bolos, o que tu hija de 13 años no te salude por la calle” dijo Blackice en la presentación del producto, que definió como una “nutritiva vacuna contra los tiempos modernos”.
La anécdota desagradable de la rueda de prensa la protagonizó el propio Blackice que, al ser interrogado por un periodista acerca del sabor de la papilla, fue mostrándose progresivamente más y más nervioso: “DeberÃas saberlo. ¿No? Vaya, pues si no sabes a qué sabe la derrota puedes considerarte un tÃo con suerte. Quizá el señor con suerte tenga unos hijos dulces y guapÃsimos y prefiera las papillas con sabor a gloria y esperanza, o con sabor a nube de fresa y florecillas silvestres que huelen a delirios de optimismo… Pues muy bien, me compadezco de ellos, la vida ya se encargará de enseñarles a qué sabe la derrota y entonces quizá sea demasiado tarde y prefieran hacerse drogadictos, todo por culpa de su padre, el tipo con suerte y trabajo estable al que su mujer no le engaña. Echa un vistazo a la crisis de la prensa escrita, que es tu sector profesional, y responde tú mismo a la pregunta que me has hecho”.
Si sus papillas funcionan, Robert Blackice tiene planeado comercializar potitos de fracaso para bebés de más de un año.
Los hijos tienen demasiados pájaros en la cabeza, sà señor, hay que enseñarles desde pequeños a repudiar facultades como la de Ciencias de la Información. Un “eso no, caca” puede salvarles de un futuro ‘becarial’ irremisible. Algunos ‘juntaletras’ se ven obligados a comprar potitos para alimentarse a diario. Eso no pasará con ‘Good start’, se dará un salto de calidad hacia las albóndigas en lata. Bravo por Nestlé.
jejeje, ya tocaba, menos mal que nestle tiene disciplina