Poco después de demandar a Miguel Ángel Revilla y a Corinna Larsen por daños al honor, Juan Carlos I ha ido esta semana a por el elefante que le rompió la cadera en Botsuana en 2012. El emérito continúa así saldando cuentas con las personas y otros seres vivos que se han cruzado en su vida y que, según él, le han causado grandes perjuicios.
El emérito asegura que, aprovechando su estado de embriaguez -Juan Carlos I se había llevado al safari todo un cargamento de botellas de Vega Sicilia y Alión-, el paquidermo cargó contra él con la intención de matarlo antes de ser cazado. «Su mayor envergadura y la falta de escrúpulos podrían haber terminado en una tragedia mucho mayor», señala el texto difundido por el abogado del Borbón.
El acto de conciliación con el elefante tiene ya fecha. Si no se llega a un acuerdo, como parece previsible, irán a juicio. El abogado defensor del animal asegura que el acusado «tiene una memoria más que notable» y no ha olvidado «las carantoñas y los baboseos» a los que el emérito lo sometió en estado ebrio, y que motivaron la respuesta del elefante, «que vio amenazada su vida y su dignidad».
«Iba trompa, él es responsable de todo lo que le ocurrió», se ha limitado a declarar el paquidermo.










quen iba trompa? El ex o el elefante? es que no queda claro¿
El ex, que no es ex. Que todavía lo tenemos en nómina. Y si no está en nómina aún tiene el título, que es aún mejor. Para él, claro. El elefante iba sobrio. Según la fuente consultada.
Típico artículo de la patronal pagado seguramente por alguna distribuidora de bebidas alcohólicas.
Habéis ganado un suscriptor.
O sea que los dos tenían trompa