Camilo Torralba, natural de Terrassa, se encontraba ayer por la tarde en una piscina municipal y comprobó con angustia que el socorrista, un joven de 23 años, bostezaba y miraba al infinito «a punto de morirse de asco». Sin dudarlo ni un segundo, Torralba se tiró a la parte más honda de la piscina y procedió a dejar que el agua inundase sus pulmones.
«Me estaba asfixiando cuando saltó y me rescató. Menudo coñazo de curro», declara agradecido el socorrista. La heroicidad del bañista evitó también el aburrimiento de varios vecinos que tampoco sabían cómo matar el tiempo antes de que el tiempo los matase a ellos. «Nos sacó del pozo del tedio a todos», comentan.
El rescate se prolongó casi veinte minutos, pues Torralba se alejaba cuando el socorrista nadaba para acercarse a él y sacarlo del agua. «Era consciente de que tenía que aguantar todo lo posible para que el aburrimiento no lo arrastrase de nuevo», relata el bañista. Ya fuera del agua los dos, comprobaron, mirando el reloj de pared del recinto, que había transcurrido casi media hora y apenas quedaban unos minutos para que la piscina cerrase al fin. «El pulso del chaval se había acelerado y tenía los ojos muy abiertos: lo habíamos conseguido», dice Torralba.
Como cada año, los socorristas piden a los usuarios de las piscinas que tomen precauciones y procuren que los niños se metan al agua justo después de comer, sin esperar a hacer la digestión, «para que de vez en cuando haya alguna sorpresa».









