José Carlos es electricista, tiene 57 años y desde hace seis meses vive en las cloacas del Estado: “Por lo que pagas aquí no encuentras nada mínimamente digno allá arriba”. Marina, una periodista alicantina de 32 años, ha podido al fin emanciparse gracias a que también ha encontrado su sitio en las cloacas del Estado: “Aun así, mis padres han tenido que ayudarme. Porque mi padre es Guardia Civil y conoce gente, que si no…”. Lorenzo, auxiliar de enfermería de 41 años, cumplió su sueño de encontrar un sitio donde le dejaran vivir con Fufi y Pufy, sus mascotas: “Aquí todo se paga en sobres, no hay contratos ni rollos de esos. Todo es más fácil. Y, además, mis gatos se entretienen cazando ratas. Las cloacas están llenas de ellas”.
José Carlos, Marina o Lorenzo no son una excepción. Miles de españoles se han visto obligados a abandonar el Estado para sobrevivir. Desde 2024, se viene detectando un aumento progresivo del número de españoles que optan por la corrupción como forma de vida a falta de otras alternativas. Lo que, hasta hace unos años, parecía reservado para unos pocos políticos, empresarios y funcionarios, se ha ido extendiendo a todas las capas de la sociedad. Algunos incluso temen morir de éxito. “Es que, si esto se llena, ¿cómo sabremos dónde terminan las cloacas y dónde empieza el Estado? Va a ser un lío”, se queja José Carlos, el electricista. “Joder, es que alguien tendrá que quedarse y pagar los impuestos; si no, ya me dirás tú cómo va a funcionar el sistema”, concluye Lorenzo.
Visto por comunidades, la Comunidad de Madrid, una vez más, se encuentra la primera en la lista. Y no solo por ser la capital donde se ubican la sede del Gobierno, la sede de la jefatura del Estado, las sedes de los partidos políticos nacionales, de las empresas del IBEX y el Real Madrid, principales puntos de entrada a las cloacas del Estado. Los expertos señalan que, en los últimos años, la actuación del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha sido fundamental. Miles de muertos en las residencias, beneficiar a familiares desde organismos públicos y una gestión de la corrupción que muchos consideran un modelo a seguir han convertido a Madrid en punta de lanza de una nueva forma de entender la sociedad.
Quien mejor resume este cambio de paradigma es Marina, la joven periodista: “Lo peor no son los olores de las cloacas, eso se sobrelleva más o menos. Lo peor es la miseria moral en la que te ves inmerso. Pero, cuando miras los números de tu cuenta corriente… sabes que compensa”.









