Una de las señas de identidad de la operadora de telefonía ética Somos Conexión es que sus operadores se toman el tiempo que haga falta para resolver las dudas de sus clientes, tanto es así, que el 80% de sus clientes llaman para hacer una consulta técnica real y acaban hablando de que les cuesta conectar emocionalmente con sus padres o que sienten que están pasando por una crisis de madurez. Recientemente, la compañía ha batido su propio récord después de que una persona, un cliente llamado Guillermo M., se pasara 6,5 horas quejándose de su jefe, de sus compañeros de trabajo y del concepto “trabajo” en general y concluyendo que la mayoría de sus problemas están profundamente arraigados con la desigualdad estructural del capitalismo.
Durante la larguísima conversación la operadora también comunicó al cliente que Somos Conexión ha bajado sus tarifas más populares, pero aún así para llegar al fondo de su problema técnico fue necesario profundizar en los cimientos estructurales del sistema capitalista.
“Llamó con una incidencia que le estaba impidiendo hacer su trabajo y una cosa llevó a la otra y acabamos concluyendo que la precariedad genera una ansiedad constante que atenaza a toda la clase trabajadora”, explica Cristina Guzmán, operadora de Somos Conexión. El cliente en cuestión tenía problemas de conexión y necesitaba saber si la culpa era de su dispositivo o del proveedor para poder seguir teletrabajando. “Mi jefe, ya sabes cómo son, está esperando que tenga cualquier problema con la conexión para hacerme volver a la oficina, porque ya sabes cómo son, macho, que si no te controlan de cerca creen que no trabajas y eso no es verdad”, explicó Guillermo a la operadora.
“Y eso es desconfianza de clase en realidad, no tiene nada que ver con la productividad ni con la tecnología”, añadió el cliente.
“Mira Cristina, si aquí lo verdaderamente jodido del capitalismo no consiste en que todo tenga un precio, sino en que cuesta encontrar imaginar algo fuera de ese sistema, que ha acabado colonizando nuestro tiempo libre, nuestra amistad, nuestro ocio y nuestra identidad. Trabajamos para consumir y consumimos para soportar el trabajo, ¿sabes?”, dijo media hora después.
“Toda la razón José. Aguanta un momento. [20 segundos de música de espera]. Estoy contigo José: el problema es que, efectivamente, la ansiedad y la sensación permanente de insuficiencia aparecen como problemas individuales cuando son, en realidad, consecuencias lógicas de un sistema que necesita convertir cualquier aspecto de la vida en mercado”, le contestó Cristina G., según ha explicado ella misma a la prensa.
“Total”, dijo el cliente.
“Total”, dijo la operadora.
Tras más de seis horas de llamada, ambos concluyeron que el paso necesario a dar es dejar de preguntarse cómo adaptarse mejor al sistema y empezar a preguntarse qué tipo de sociedad queremos. Y cambiar el router, que tiene un problema de sobrecalentamiento a causa del polvo acumulado por ser un modelo antiguo y está ralentizando la conexión.







