«Esta velocidad no es normal para la edad que tiene». Con estas palabras certificaba esta mañana una pareja de Girona las altas capacidades de su hámster llamado Chinchi. Según los dueños de la mascota, la habilidad del animal con la rueda y «esa mirada que tiene, tan madura» son pruebas de que tiene una inteligencia superior a la del roedor medio.
La pareja lamenta que los veterinarios no estén sensibilizados con el tema de las altas capacidades ni ofrezcan soluciones específicas. «Se aburre, necesita más estímulos que un hámster normal, necesitamos recursos públicos», señalan los dueños de Chinchi, que creen que la Ley de Bienestar Animal supone «una oportunidad perdida para la completa integración de las mascotas neurodivergentes».
Los dueños recuerdan con tristeza que su pez dorado Chanclete murió fuera del acuario sin apenas protestar y, con el tiempo, han concluido que era un autista no diagnosticado. «Como dueño, cometes muchos errores, pero también como sociedad tenemos que avanzar en el reconocimiento de los animales con necesidades especiales. Solos no podemos con todo», señalan.
En un intento de juntar a su hámster con «un animal más listo que los de su especie», la pareja decidió invitar a casa al gato de su vecina, que siempre ha demostrado una gran viveza y agilidad mental. La experiencia, sin embargo, fue nefasta. «Resultó que el gato tenía serios problemas de empatía. Casi no lo cuenta el pobre Chinchi», explican aún conmovidos.
«Algunos colegios privados se ofrecen a acogerlo, pero siempre al servicio de los alumnos, no como uno más. Y así no queremos hacerlo. Lo que Chinchi necesita es un entorno de animales, e incluso de niños, que tengan su mismo nivel intelectual», argumentan.









