«No se ha visto nunca en un geranio». Con estas palabras admiten los expertos en jardinería su pasmo ante el fenómeno que ha tenido lugar estas semanas en el balcón de un domicilio de Girona. Varios ejemplares de geranio, petunias y suculentas han trepado hasta alcanzar el piso de arriba. «Dicen que es bueno que les pongas música y yo les pongo reguetón», explica Loli Lozano, propietaria de esas plantas que, espantadas por lo que oyen, pretenden huir a la casa de los vecinos.
Los jardineros consultados admiten que tiene «cierta lógica» que, del mismo modo que la música puede favorecer a las plantas, también las perjudique si no es la adecuada. «No vamos a opinar sobre el reguetón, pero diez minutos en ese balcón con el altavoz a todo volumen hacen que a uno le entren ganas de trepar y también de arrojarse al vacío», señalan los expertos.
El caso ha puesto de manifiesto la gran capacidad de las plantas para luchar por su supervivencia en los contextos más hostiles. «Merecen una oportunidad», defiende Rogelio Martínez, el vecino en cuyo balcón asoman, implorantes, las plantas de Loli. «Lo que llega a mi balcón pasa a ser mío», señala dispuesto a adoptarlas.
«La música clásica es un rollo y a mí me mustia», dice la dueña de los geranios, que no está por la labor de cambiar sus gustos. «Si no se adaptan, qué le vamos a hacer. Que se vayan a otro sitio. Lo mismo le dije a mi hijo en su día», declara.
Los cactus, por su parte, han optado por clavarse sus propios pinchos después de escuchar tres veces seguidas «Tusa» de Karol G con Nicki Minaj.









