Con su beligerante retórica antibelicista, el ayatolá Pedro Sánchez, autoproclamado líder supremo de España, ha inssitido esta mañana en desafiar a Estados Unidos y a su presidente, Donald Trump, en una agresiva comparecencia en la Moncloa. “No a la guerra”, ha dicho amenazando a Estados Unidos y a la Unión Europea y prometiendo, con esas palabras, llevar la “Guerra Sancha” a territorio americano.
“No vamos a apoyar este desastre”, ha dicho el dictador, manteniendo su inquebrantable hostilidad hacia Estados Unidos e Israel.
Con su encendida retórica, el ideólogo de la revolución islámica española propiciada por el PSOE ha asegurado repudiar “el régimen de Teherán” pero ha exigido una “solución diplomática”, prometiendo, de esta manera, extender su reino de terror fuera de España para llevarlo a suelo estadounidense. Ningún ciudadano americano está ya seguro.
Atrapados en el sanchifato, poco pueden hacer los españoles para responder ante su líder, que controla con fuerza los medios de comunicación públicos españoles y con los principales voceros del regimen a su favor (David Broncano, Jesús Cinturras, la Risotas, la Pija y, en menor medida, la Quinqui…).
Coherente con sus políticas islamistas de línea dura y antioccidentales, Sánchez se ha pronunciado después de que el Ejecutivo rechazara que Estados Unidos utilizase las bases militares de uso conjunto de Rota y Morón, impidiendo las misiones de paz de Trump en Oriente Medio y cortando las esperanzas de millones de iraníes de conocer la democracia.


