El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, se ha puesto en contacto esta mañana con el equipo del artista Bad Bunny para ofrecerle Groenlandia al puertorriqueño. Aunque el pretexto es que el país se beneficiará del influjo caribeño, a nadie se le escapa que el movimiento, efectuado justo después de que Bad Bunny enervase a Trump con su actuación en la Super Bowl, busca desestabilizar la política exterior estadounidense.
«Puede que Europa esté en peor disposición en cuanto a fuerza militar, pero no hay que minusvalorar su capacidad para sacar de quicio», manifiestan fuentes del Ejecutivo danés. «Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo», exclamaba ayer el presidente estadounidense después de ver cantar a Bad Bunny. Estaba visiblemente irritado ante el descubrimiento de que existen otros idiomas aparte del inglés. Idiomas que él no entiende. Esta constatación deja claro que Europa tiene armas para desconcertar al líder autoritario.
En un informe detallado que se le ha facilitado al puertorriqueño, se mencionan las posibilidades del territorio danés para expandir «lo sabrosón» a zonas donde aún no han llegado la luz ni la alegría. «Los groenlandeses están convencidos de que Bad Bunny traerá calor a la región y respetará la tradición local», reza el texto.
«Nuestro miedo es que acepte el regalo y luego se lo entregue a Inditex», reconoce Nielsen, refiriéndose a los gestos que ha tenido el cantante con la multinacional española dueña de Zara.









