«La derecha y la izquierda nos han fallado y más abajo no podemos caer. Solo nos queda huir hacia arriba». Este es el argumento de peso que esgrime gran parte de la ciudadanía, que se ha volcado en los rocódromos y, en general, en la escalada, para escapar de una realidad hostil. «Vas subiendo y ves tus problemas cada vez más pequeños y lejanos», señalan los escaladores.
El auge de los rocódromos es paralelo al empeoramiento de las condiciones de vida, en especial a la degradación del mercado de la vivienda y también del discurso público, que contribuye a crear un ambiente cada vez más irrespirable. «Hay dos maneras de huir hacia el cielo. Una es escalar y la otra es morirse. Estamos probando la primera, sin descartar la segunda», comentan los ciudadanos.
«Llevamos años subiéndonos por las paredes. Está bien que se haya profesionalizado esta práctica y que haya espacios diseñados para ello. Nuestras casas son cada vez más pequeñas», declaran los españoles.
Aunque los dueños de los rocódromos celebran la situación, a los expertos no se les escapa que la ciudadanía está desquiciada y que «todo lo que sube, acaba bajando», por lo que recomiendan «prepararse para una fuerte caída». Los escaladores preguntan cómo se puede uno preparar para caer si la red de protección social es cada vez más endeble y son muchos los que abogan por retirarla del todo.









