spot_img

Un hombre rebaja sus estándares de qué considera “apetitoso” a cada nuevo paseo que da a la nevera

Ya ha empezado a ver el limón, que le había parecido repugnante hace solo cuatro paseos, con otros ojos

Atenazado por la gusa y tras siete paseos infructuosos a la nevera, Federico Montsant, un hombre de 39 años de Mollet del Vallés, se ha visto obligado a ir ajustando su estándar de “apetitosidad” a cada nuevo paseo al electrodoméstico. “Hace 40 minutos no hubiera considerado una opción comerme un tranchete, pero la coyuntura actual me hace considerarlo, de forma excepcional y transitoria, un snack en toda regla”, ha explicado a los periodistas.

Montsant ha reconocido también que sus constantes paseos a la nevera buscan, en el fondo, que algo apetecible aparezca de la nada, por arte de magia, en uno de los estantes. “Y eso ocurre, de algún modo, conforme empiezo a mirar con otros ojos lo que hay… En otras circunstancias, comerme una rebanada de pan de molde con ketchup me parecería impensable, pero tras abrir la puerta de la nevera diecisiete veces he notado cómo la escasez me empuja a replantearme mis parámetros de qué se considera apto para el consumo o no”, explica el hombre señalando los pocos ingredientes que hay en la nevera, que hace un rato le parecía un yermo y ahora empieza a ver como una cornucopia de tentadoras exquisiteces. 

“El queso rallado es un queso, digamos, de cuchara. no hay nada humillante en comérselo”, ha dicho delante de la nevera.

Con cada nuevo paseo a la cocina, Montsant no solo se ha visto obligado a adaptar temporalmente lo que él considera o no apetitoso para sus gustos, sino también a reducir sus estándares de fiabilidad alimentaria, poniendo en riesgo su salud.

1 COMENTARIO

Solo los miembros pueden dejar comentarios. Únete ahora para comentar.

Apúntate a nuestro boletín de titulares

spot_img

Últimas publicaciones

spot_imgspot_img