Esforzándose por cumplir su principal propósito de Año Nuevo, los responsables del gimnasio BobaFit de Zaragoza han decidido apuntarse al domicilio particular de Miguel M. G., al que han acudido esta mañana con todo su equipamiento. «Llevamos años diciéndolo, pero no es fácil que quepan todas las máquinas en un salón tan pequeño. Al final siempre nos vencía la pereza», explica el gerente del gimnasio. Este año, sin embargo, se han liado la manta a la cabeza. «Miguel se ha llevado una buena sorpresa», comenta la plantilla del BobaFit.
Miguel, de 32 años, recuerda que hace algún tiempo se apuntó a este gimnasio de su barrio, pero no fue más que dos veces. «Me dijeron que, si no iba yo al gimnasio, tendrían que ir ellos a mi casa. Ni se me ocurrió pensar que hablaban en serio», declara. Esta mañana, varios operarios se han personado en su piso de 65 metros cuadrados y lo han llenado de máquinas, bicicletas estáticas, elípticas, bancos y hasta seis duchas portátiles.
«Ya no tengo excusa», ha reconocido este zaragozano, que siempre se quejaba de que el gimnasio le quedaba lejos de casa y le molestaba la idea de ducharse en otro sitio que no fuese su baño.
Los dueños del gimnasio dicen sentirse orgullosos de haberse animado a dar el paso, aunque lamentan que Miguel aún no haya estrenado las máquinas con la excusa de que tiene que trabajar. «Trabaja en casa, o hace ver que trabaja para saltarse los entrenos que se celebran a dos metros escasos de su escritorio», protesta uno de los monitores. «Creo que sustituiré su cama por un banco de pesas, a ver cómo se las ingenia para escabullirse», añade.
Este año, además, han sido varios los profesores de inglés que se han decidido a aprender español, asumiendo al fin que los españoles nunca se decidirán a aprender inglés por mucho que se lo propongan.









