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Varios empleados permanecen quietos en pleno simulacro de incendio imaginando embelesados su oficina ardiendo

VARIOS DE ELLOS HAN HECHO UNA PIRA IMAGINARIA EN LA QUE HAN QUEMADO AL DIRECTOR GENERAL

Esta mañana, la sede barcelonesa de la compañía Jenkins&Co. ha visto frustrado su intento de celebrar un simulacro de incendio. Pese a que los directivos han intentado organizar el plan de evacuación y han pedido a los trabajadores que abandonasen las instalaciones, supuestamente en llamas, los empleados han permanecido en sus puestos imaginando, con regocijo, que la empresa era consumida por el fuego.

«Ahora, las cortinas se han convertido en una columna de fuego, han caído y las llamas han derretido la impresora, cuya tinta, altamente inflamable, ha provocado una explosión que ha derribado la pared del despacho de gerencia. ¿No decían que las puertas del despacho estaban siempre abiertas para todos? Pues ahora no hay ni puerta ni pared ni nada. Los expedientes son montañas de ceniza», relataba un becario del departamento de administración. «Pero la cosa no acaba aquí. Al explotar la impresora, varios fragmentos de plástico ha salido despedidos, clavándose como metralla en los cuerpos de los accionistas, que se arrastraban por la moqueta intentando escapar del humo», ha agregado otro trabajador. «Es verdad, sí. Varios directivos, Roberto y Claudia entre ellos, se han puesto a pelear por una garrafa de agua. Están desesperados y el miedo y la sed los han convertido en alimañas sin escrúpulos. Al fin emerge su verdadera personalidad, la que todos conocíamos ya», ha apuntado una empleada del departamento de logística.

Los jefes de los departamentos han intentado sin éxito que los trabajadores reaccionasen y bajasen ordenadamente por las escaleras para abandonar el edificio. «Han entrado en trance. Sonríen con malicia y ponen los ojos en blanco. No sé qué les pasa», expresaba con pasmo uno de ellos.

Juntando varios muebles de la oficina, decenas de empleados se han coordinado para hacer una pira en el centro de la sala de reuniones, hacia la que han logrado atraer al director general. «¿Podría usted gritar y agitarse con desesperación, don Alfonso? ¿Le importaría? Solo durante unos segundos, por favor. Hagámoslo bien», le han pedido sin poder ocultar la excitación.

El sentir general de la mayor parte de la plantilla de la empresa es que se hacen pocos simulacros de incendio y habría que celebrar, como mínimo, uno a semana.

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