Tras recorrer todos los perfiles de las apps de citas de arriba abajo y darse cuenta de que todos los hombres le parecen poco atractivos y en general molestos, Beatriz Malavía, una mujer de 37 años de Alicante, ha empezado a asumir que quizá lo que busca no es un hombre, ni un humano, ni siquiera una relación sentimental, sino un gato. “Cuando cierro Tinder abro Instagram para ver gatos, me resulta evidente lo que está pasando y creo que es momento de admitirlo con valentía: prefiero un gato a un novio”, ha explicado Malavía a la prensa en lo que considera una “confesión valiente” que muchas mujeres, según afirma, deberían atreverse a expresar en voz alta.
“Los hombres, y me atrevería a decir que también las mujeres, son en general cargantes, feos y ruidosos, y no los quiero en mi casa ensuciando ropa, preguntando cosas o pactando conmigo qué poner en la televisión”, explica esta mujer, que ha desinstalado ya todas las apps de citas de su móvil y también ha renunciado a seguir yendo a bares o quedando con las personas que le presentan sus amigos.
“Con razón no encontraba a nadie que se ajustara a lo que busco, he equivocado el foco”, dice la mujer, que ha decidido adoptar un gato hoy mismo. “Se llama Michipufi y es mejor que cualquier maromo porque no ha intentado explicarme nada con condescendencia”.
Tras ser despertada a las cuatro de la mañana con el trasero de Michipufi a pocos centímetros de su cara, la mujer ha asumido que lo que busca es el móvil.










Hay gato, hay meneo