«Fue un infierno. Nadie en el trabajo se dignó a prestarme el móvil, decían que les daba asco». Con estas palabras describe Aaron Boj Mas, empleado de la compañía Jenkins&Co., la tortura que supuso no poder ir al baño a hacer de vientre a lo largo de toda la jornada laboral. Al haber olvidado ayer el teléfono en casa, tuvo que soportar retortijones, sudores fríos y dolores mientras intentaba desempeñar sus tareas profesionales sin que se notase su calvario.
Boj admite que se le pasó por la cabeza pedir un taxi y regresar a su casa para «solucionar el asunto», pero tenía miedo de no poderse aguantar durante el trayecto. «Cuando mi mujer salió de la oficina, pasó por casa y me trajo el móvil al trabajo. Me encerré en el baño durante casi dos horas, tenía la tira de reels atrasados», dice.
El incidente ha llevado a este trabajador a plantear que se obligue a instalar móviles de emergencia en los baños de los locales, tanto de empresas como de establecimientos abiertos al público. «Lo mismo que se hace con los extintores. La sociedad cambia y la normativa debe adaptarse. Estoy seguro de que otra mucha gente sufre lo que yo sufrí ayer, pero se lo calla por vergüenza», comenta.
La mala cobertura o el desgaste de la batería del móvil ya se han convertido en las principales causas de estreñimiento, una dolencia que afecta al 20% de la población general.









