El director norteamericano Martin Scorsese ha irrumpido hoy en una tienda de palomitas de Nueva York con un iPad conectado a un potente altavoz en el que se reproducía su película Goodfellas al máximo volumen.
Los trabajadores del lugar le han pedido hasta en tres ocasiones que hiciese menos ruido porque no podían escuchar las comandas de los clientes. “Ah, ¿que no podéis escuchar bien los diálogos?”, les habría respondido el exitoso director, según afirman varios testigos. “¿Acaso lleváis mucho tiempo trabajando en esas palomitas y queréis que se oiga bien su crepitar?”, ha continuado desafiante.
Después, Scorsese ha pedido a gritos una caja de palomitas pequeña y se ha marchado con el sonido de su película a otra parte, para alivio de los profesionales de las palomitas y de los clientes que allí se encontraban. “Lo hemos visto entrar, con la misma actitud beligerante, en una tienda que vende caramelos envueltos”, apuntan los presentes.
Scorsese no es el único que sufre en esta relación problemática entre el cine y las palomitas: los fabricantes de palomitas de autor están indignados porque algunos de sus clientes se distraen viendo cine mientras comen.










Justicia poética.