Completamente desvelado por decimosexto día consecutivo, Manuel Rabasa, un funcionario de 58 años de la oficina del padrón de Valladolid, no entiende por qué últimamente le cuesta tantísimo dormirse durante su jornada laboral, que pasa despierto casi en su totalidad. “Intento no hacer ruido para no despertar a mis compañeros, pero van pasando las horas y nada, no me duermo. Antes dormía como un bebé desde que entraba hasta que salía, que es lo normal”, lamenta Rabasa, que confía en superar el bache y recuperar su saludable rutina de sueño.
“Creo que es porque miro mucho el móvil en el trabajo y eso es malo, porque las pantallas son veneno”, explica a la prensa este funcionario que lleva casi tres décadas durmiendo para la Administración. Lo cierto es que numerosos especialistas señalan que usar pantallas durante la jornada laboral altera los ritmos circadianos y desajusta el reloj biológico, “haciendo que el cuerpo crea que debe estar despierto durante la jornada laboral, cuando no es así”, dice la doctora Esther Romay, especialista en trastornos del sueño de Quirónsalud.
En muchas ocasiones, el estrés que causa el trabajo acumulado es la principal causa de insomnio en los entornos laborales, aunque este factor tradicionalmente no ha afectado a los trabajadores de la Administración. “Aquí siempre se ha dormido muy bien. Estamos muy pendientes de lo que le ocurre a Manuel porque es muy raro. Tampoco diremos que nos quite el sueño, pero es raro, porque uno se saca la plaza precisamente por estas cosas”, admite un compañero de Rabasa.
En un intento desesperado por dormirse de una vez, Manuel Rabasa ha decidido sacar adelante algo del trabajo acumulado que tiene, para olvidarse por un rato de su objetivo (dormir), relajarse y comprobar si así logra coger el sueño.










No puede dormir tampoco en las discotecas porque oye a un señor comerse un cordero él solo, sin compartir.