Ernesto, nuestro suscriptor número 485, estaba harto de llamadas comerciales a la hora de la siesta. Decidió atajar el problema pidiendo que lo metieran en la lista Epstein. Desde entonces, no recibe llamadas. Ni comerciales ni personales ni de ninguna otra naturaleza.
¿Cómo se le ocurrió pedir que su nombre figurase en la lista Epstein?
Son cosas que uno se resiste a hacer, principalmente por pereza, pero merece la pena. Aunque parezcan problemas menores, nos amargan la vida y, si hay soluciones, hay que recurrir a ellas.
Un poco drástica su solución.
Mire, que se jodan, ¿no? Hay otras formas de conseguir clientes. No quiero que me molesten.
¿Y no le molesta más formar parte de esta lista?
Los que estamos en esta lista somos intocables, así de claro. Estamos totalmente amparados por la ley.
Y ya no le llaman más.
No.
Sus amigos, tampoco.
Ya, bueno, no sé. Me pregunto ahora si todas esas amistades en realidad perseguían un objetivo comercial, y por eso ya no pueden llamarme.
¿Qué opina de la lista Robinson? ¿No le pareció una solución más proporcionada a la magnitud del problema?
¿La lista Robinson? Por favor, qué cosas dice usted. Yo no tengo nada que ver con esta gentuza. Suerte que ya murió el Robinson ese. Menudo personaje turbio. Un depravado y un delincuente, si me preguntan. ¡Con lo fan que era yo de su programa en el Plus!
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