De un tiempo a esta parte, debido tal vez a la angustia provocada por la actualidad, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha detectado un aumento significativo de la cantidad de gritos que los españoles ponen en el cielo. «Dentro de los márgenes habituales, este fenómeno no provoca problemas. Lo que pasa es que ahora se ponen tantos gritos en el cielo que se están alterando mediciones e incluso existe un riesgo de generar ruido e interferencias en los instrumentos de navegación, con el peligro que eso conlleva», señalan los técnicos de la entidad.
«En el cielo hay ahora mismo un griterío insoportable», alerta la AEMET, que tilda el barullo atmosférico de amenaza a controlar. Para hacerle frente, se ha decidido, como primera medida de choque, limitar a ocho el número de gritos al mes que cada ciudadano puede poner en el cielo.
Los expertos no tienen claras aún las consecuencias de restringir la necesidad humana de poner el grito en el cielo. «Es posible que aumente el griterío terrestre, que ya de por sí es elevado. Habrá que ir regulando esta necesidad sobre la marcha, no hay otra forma de hacerlo», explican los especialistas. El problema de base, dicen, es lo que provoca la necesidad de gritar. «La solución no es encontrar sitio a los gritos, sino combatir aquello que los provoca. Por desgracia, es un problema multifactorial que tiene que ver con el signo de los tiempos», argumentan.
Para colmo, la noticia de la limitación de los gritos en el cielo ha hecho que muchos españoles hayan puesto el grito en el cielo, superando ya el límite permitido. De momento, las estrategias para potenciar el silencio sepulcral se están mostrando insuficientes.









