Un ejemplar de mosquito tigre especialmente voraz terminó ayer de picar el cuerpo entero de una de sus víctimas. Sin haber saciado aún su sed, tuvo que buscar un recoveco intacto y, al no encontrarlo en el plano físico, se vio obligado a picar en la consciencia del humano al que había elegido.
«El mosquito es una especie rebañadora», explica Noé Oliva, especialista en insectos. Buscar alimento en el alma forma parte de su estrategia de supervivencia. «Hay gente que tiene las manos manchadas de sangre, metafóricamente hablando, y por lo tanto es en esta metáfora donde el mosquito busca nutrirse», dice Oliva. La consciencia de la víctima en cuestión no estaba tranquila, pero después de la picadura lo estuvo aún menos. «Me remuerdo la conciencia, pero me sigue picando. ¿Cómo se rasca el alma? ¿Alguien lo sabe?», preguntaba el afectado.
Los expertos reconocen que casos así son poco comunes, pero recomiendan poner la mente en blanco si se tiene el cuerpo recubierto de granos. «Después de los tobillos y las extremidades, irán a por lo más íntimo, que es la psique», alertan.
Algunos remedios caseros, como pensar en citronella, pueden apartar al mosquito de la consciencia. Sin embargo, hay almas que atraen especialmente a estos insectos por ser abundantes en pensamientos dulces. Un exceso de picaduras en el alma puede provocar hinchazón y, a la postre, hacer que el alma se nos caiga a los pies. «Sería un caso muy extremo, pero lo peor que nos puede pasar es que no nos piquen nunca en la consciencia, pues es señal de que somos unos desalmados», comenta Oliva.










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