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Todos los comensales del restaurante, deseando en el fondo que el niño que no ha dejado de correr en 20 minutos se tropiece de una vez

ESPERAN PODER DISIMULAR SU ALEGRÍA

Aunque un tropiezo y una caída provocarían muy probablemente un arrebato de llanto durante un buen rato, los 15 comensales del restaurante de Zarautz El Chistorro han expresado anónimamente su deseo de que el niño que lleva más de 20 minutos corriendo de un lado para otro y molestando a todo el mundo se tropiece y se caiga de una vez. “Mucho está tardando en pegarse un trompazo y tranquilizarse, pero ojalá que no suceda porque se va a hacer daño y no querría yo eso”, ha expresado Matilde Figueroa, uno de los comensales del restaurante que desea con toda su alma que el niño se tropiece y se caiga y se haga daño.

“Hay muchas sillas, mucho camarero… Me sabría mal que el niño se tropezara y llorara, aunque eso supusiera dejar de correr, para alivio de todos”, ha declarado a la prensa un amigo de Matilde que también es plenamente consciente de que lo que quiere es que el niño, que no ha dejado de correr a toda velocidad entre las mesas, se detenga de una vez tras estamparse contra un mueble.

“No es que vaya a reírme cuando se caiga, no soy un monstruo sin empatía”, han dicho todos los comensales observando de reojo al niño y temiendo que cuando llegue “el momento” no sean capaces de esconder su sonrisa.

Al cierre de la edición, diversas fuentes del restaurante El Chistorro han confirmado que el niño finalmente se ha tropezado con la pata de una mesa y todo el restaurante ha roto a aplaudir, incluido sus padres.

7 COMENTARIOS

  1. Pero y si el casero se pasea desnudex por el restaurante y Pedro Sanchex llama a Michael Jacksantos-Cerdan y toqueyea al niñex pero un abuelo gangoso le asesina a bastonazex de abuelo gangoso y los GEOS abren fuego con un cañon naval OTO Melara y causan una masacrex con 129283838 muertex que hacemos.

  2. Los «derechos de los niños», por ejemplo correr, gritar, hacer berrinche y cualquier desmán ya normalizado en nuestra vida (al menos la vida que pasamos en un restaurante) ya no puede ir más allá. Debemos volver a nuevas prácticas ya ensayadas y con probada eficacia. Con mi generación funcionó sin daños colaterales de consideración.
    Sé que me tildarán de monstruo, insensible y otras lindezas, pero un zape oportuno y preciso funciona con esos pequeños delincuentes correlones. «En mis tiempos», era suficiente con «sentir» la mirada de la mamá llena de augurios al mediano plazo: «en casa verás las consecuencias» -era el mensaje nada cifrado, al contrario: clarísimo.
    Como todo lo expresado es pura fantasía y ganas de desahogarme y quiero proponer una solución viable… pues lo mejor es levantarte de la mesa e irte a otro lado porque esos pequeños infractores no tienen padres con autoridad y sólo podemos confiar en el azar: que se caiga, que se tropiece, que deje de jorobar».

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