Un enlace matrimonial que tuvo lugar en la Iglesia de San Nicolás, de Pamplona, ha corrido como la pólvora en redes por una interrupción insólita: justo antes de formalizar la unión con el clásico “sí, quiero”, cuando el cura preguntó a los presentes si alguien tenía “algo que decir” un gamberro que entró de la calle (y que, según el cura, no es la primera vez que hace algo así), quiso recordar a los presentes que los seres humanos son esencialmente solitarios porque habitan una conciencia impenetrable para los demás y que entre esas dos individualidades habrá siempre un muro infranqueable que ni siquiera el matrimonio puede sortear. “¡¡Noooo, este matrimonio es una farsa porque cada persona no es otra cosa que una isla separada por un océano de soledaaaad!”, gritó el espontáneo a media ceremonia, intentando advertir a los novios de que nucna dejarán de ser un misterio el uno para el otro.
“Podrás besar a la novia pero nunca vas a llegar a conocerla realmenteeee”, alertó el joven, que considera que todas las personas somos, en última instancia, “intraducibles”.
“¿Qué es la conciencia del otro más que un puzzle que debemos saber irresoluble? Podréis observar el comportamiento del otro, pero nunca acceder directamente a sus experiencias internaaaaaas. Esto es una farsaaaa. Sois dos mentes que nunca seréis unaaaaaa”, gritó el espontáneo mientras el resto de invitados trataba de reducirle
Una vez inmovilizado pero sin dejar de gritar, el hombre argumentó que casarse es un error porque no el enlace no posibilita conocer realmente a la otra persona, a la que solo puede accederse a través de herramientas falibles como el lenguaje, los gestos no verbales o la intuición, pero que tan solo posibilitan un conocimiento imperfecto de la auténtica esencia del otro, que jamás dejará de ser un enigma insondable. “Solo se puede tener un conocimiento certero de la propia mente y esta jamás podrá cobijar una mente ajena, por mucho que sea la de la persona con la que has contraído matrimonio”, gritó.
Finalmente tuvo que ser la novia quien, harta de la situación, ha replicado al espontáneo que solo aquello que puede ser discutido y criticado por otros es auténtico conocimiento y que por tanto, lo que no puede ser comunicado, bien está que permanezca dentro de nuestras conciencias, como un haz de sensaciones personales prelingüísticas que quizá no carece de interés pero sí aportan algo de chispa a un matrimonio que ella confía en que sea largo y por tanto lleno de “sorpresas epistemológicas”.










Muchas gracias, el artículo merece que se corrijan los errores editoriales 🙂
Me gustan mucho los artículos existencialistas que escribís, todo un acierto.
Ah, ¡enhorabuena a la pareja!
Ya pueden disfrutar de las ventajas del hogar: violencia doméstica, desconfianza mutua, hijos con tatuajes y salarios insuficientes (Antonio Gasset).