Aunque comenzó con una actitud confiada entrando decididamente en la cola de las cajas de autopago del Carrefour de la Plaza de Lavapiés, una señora se dio cuenta ayer, a la mitad del proceso, de que escanear los productos y cobrarse a sí misma era algo que le superaba. En cuanto no encontró el código de barras del primer producto, Azucena Chaparro, de 62 años, comprendió que se había metido en la boca del lobo.
Con el único trabajador de la línea de cajas ocupado con otro cliente y una creciente cola formándose a su espalda, la señora trató de huir hacia delante y siguió escaneando los productos a toda prisa, pero no tardó en descubrir que había pasado varias veces el mismo producto. «Yo solo soy una persona humana», se justificó ante el recelo de la persona de la caja contigua. Cuando quiso cancelar esos productos, la caja simplemente se bloqueó, dejándola allí atrapada con su cesta llena.
Sus intentos de llamar la atención del trabajador del supermercado no surtían efecto y en la cola empezaban a oírse las primeras protestas. «He jugado a ser Dios y estoy perdiendo», lamentaba la señora. Azucena llegó a considerar trasladarse a otra caja, pero solo aceptaba pago en efectivo y ella no llevaba suficientes billetes. «Pido clemencia», llegó a decir en varias ocasiones. Al ver una caja bloqueada, llena de productos esparcidos por todas partes y a una señora superada por las circunstancias, el cajero se acercó a ella finalmente y se ofreció a ayudarla.
Tras una negociación cercana a un minuto, y ante la imposibilidad de irse a una de las cajas operadas por humanos debido a las largas colas, la señora acabó pagando 300 euros de más a cambio de poder salir de allí indemne. «Yo lo único que quiero es irme a mi casa», le suplicó al trabajador del supermercado. «Ya arreglaremos cuentas en el futuro», insistió encarando la salida. «Necesito salir de este infierno», dijo cruzando ya el umbral en la puerta.
Cuando la señora llegó a su casa, se pasó tres cuartos de hora sentada en la silla de la cocina sin guardar la compra para reponerse de la experiencia. «Ahora soy más fuerte», se dijo. «La semana que viene volveré y lo haré mejor”, agregó después con la confianza recuperada.










Brutal esto. Gracias por describir una situación q raya lo distópico.