Tras haber muerto en la cruz, la prensa ha podido saber que Jesucristo, el hijo de Dios, ha resucitado a los tres días y se ha encontrado con una familia de okupas en su casa. Después de pasar tres días muerto, el enviado del Señor a la Tierra volvió a la vida, pero al regresar a su casa comprobó que le habían cambiado la cerradura y que ahora estaba habitada por otras personas.
Según fuentes cercanas, Jesucristo trató de razonar con los okupas, pero estos se negaron a dar explicaciones limitándose a decir que la casa llevaba días vacías y que ahora es suya. Aunque el cordero de Dios quiso practicar el perdón y el entendimiento, llevaba una mala semana y acabó perdiendo los nervios. “Aporreó la puerta y empezó a insultar a los okupas”, explica un vecino que fue testigo visual de los hechos.
Ante la negativa de los okupas a dejar la casa, Jesucristo ha tenido que irse al Cielo, a casa de su padre, algo que le ha irritado mucho. “Me matan, resucito y ahora en lugar de quedarme en la Tierra me tengo que volver al Cielo”, ha lamentado. “Entre resucitar así y seguir muerto no hay ninguna diferencia”, ha dicho. “Pues me da igual lo mucho que me lo pidan, no pienso volver”, ha zanjado antes de ascender hacia el Reino de los Cielos para ocupar un sitio a la derecha de su padre.
Días después de la marcha de Jesucristo, la familia de okupas ha comprado un crucifijo, dejando así que al menos una representación del propietario del inmueble vuelva a entrar en su casa.










Menudo pringao