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Denuncia a su nutricionista por ofensa a los sentimientos religiosos porque le prohibió las torrijas en Semana Santa

«Es un delito de odio». Con estas palabras cargaba esta semana Juan Zea E. Schutten contra su nutricionista, quien le prohibió que comiera torrijas durante la Semana Santa «esgrimiendo tecnicismos para ocultar su desprecio a mi devoción por la virgen». Dice Zea que las torrijas «son básicamente pan» y que, por tanto, «tiene que haber algo más» detrás de la insistencia del nutricionista «en apartarme del camino del Señor».

El paciente, que pesa 120 kilos, dice que acudirá a Abogados Cristianos para defender su causa. Atesora varias fotografías en las que se le puede ver en la mesa familiar rodeado de parientes comiendo torrijas mientras él pela una manzana. «Algún derecho humano habrá violado también», defiende.

Los familiares de la víctima se sorprenden por la «repentina devoción de Juan», que hace años que no va a misa. «No es solo cuestión de ir a misa, es un tema de tradiciones, de identidad, de pertenencia a una comunidad y a sus ritos. Este individuo me está condenando a la marginalidad simplemente porque desprecia nuestro modo de vida y nuestras creencias», argumenta él.

El nutricionista se ha limitado a comentar que, si la fe mueve montañas, le será muy necesaria a su paciente cuando lo tengan que levantar de la cama con una grúa.

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