Esta mañana, en un domicilio del barrio de Las Traviesas de Vigo, un perro ha olido unos deberes y estaban tan mal hechos que ha decidido no comérselos. El incidente ha tenido lugar a primera hora, antes de que los miembros de su familia se despertaran para comenzar con su rutina. Gracias a una grabación de seguridad de la vivienda, se puede observar cómo Cristian, un golden doodle de dos años y medio, se sube a la mesa del hijo pequeño de la familia, huele los deberes y se marcha sin siquiera tocarlos.
Una vez entregados los deberes en cuestión a la profesora del niño, la prensa ha podido confirmar el terrible estado de los mismos. «No había ni una suma bien hecha», lamenta la señora Marcelina, profesora de matemáticas en el Colegio Fleming. «Incluso ha puesto tilde a algunas ecuaciones», añade impresionada.
Los familiares confirman que al niño le habría convenido que su perro se hubiera comido sus ejercicios, ahorrándose así el ridículo de entregar cinco problemas nefastamente resueltos y convertirse en el hazmerreír de su clase. Por su parte, el perro sí parece haber aprendido la lección pues, por culpa de los últimos deberes que se comió, el veterinario tuvo que extirparle varias faltas de ortografía del estómago, algo por lo que no quiere volver a pasar.
Ahora que el perro ha aprendido a comer únicamente los deberes que están bien hechos, cuando el niño hace bien sus deberes no puede llevarlos al colegio y cuando los hace mal sí, pero pagando el precio de quedar como un alumno aún peor de lo que es. «Empezaré a ofrecerle los deberes a Cristian directamente. Si intenta comérselos, los guardaré y los llevaré al colegio. Si los rechaza, me sentaré a hacerlos otra vez», razona el pequeño.









