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En un gesto de aperturismo y naturalidad, la Biblioteca Nacional acepta guardar en sus archivos, por primera vez, un libro en el que aparece “un pito”

Hasta ahora la Biblioteca Nacional consideraba imprudente o fuera de lugar guardar en sus archivos “este tipo de cosas”

Tras décadas rechazando  libros en los que aparezcan penes o vaginas Óscar Arroyo Ortega, director de la Biblioteca Nacional de España nombrado por Ernest Urtasun, ha concedido una rueda de prensa esta mañana para anunciar que la institución aceptará guardar en su archivo, por primera vez en la historia, un libro en el que aparece un “un pito”. “La ciudadanía española está preparada para entender que, en contextos que no son, digamos, de alcoba, es aceptable que en algunos libros de anatomía concebidos para historiadores o científicos aparezcan pitos de forma explícita”, ha declarado Óscar Arroyo durante la presentación del incunable. Incluso ha permitido que los fotoperiodistas retrataran el “pito” en cuestión, lo que la mayoría ha hecho con los ojos cerrados o mirando para otro lado. 

En el libro en cuestión es un tratado titulado Historia de la composición del cuerpo humano, que el anatomista Juan Valverde de Amusco publicó en Roma en 1556 y adquirido recientemente. “Teníamos dudas, es un libro valioso pero claro, es una sinvergonzonería también”, explica el director, que admite que puede haber “quejas y polémica” pero pide “madurez y mirada academicista”. El dibujo de un pene que aparece en el libro es, según la Biblioteca Nacional, “inequívoco” y se puede apreciar en una de las páginas con el dibujo anatómico de un varón que aparece de pie, frontalmente desnudo, sujetando su propia piel en una mano y mostrando un detallado dibujo de todo los músculos aunque, según Arroyo, “los ojos se van donde se van, que es al pito, que está ahí, claramente”.

“Por motivos obvios, hasta ahora se consideraba que los pitos y parruses no deberían estar entre las nobles paredes de este edificio, al lado de libros serios y de gran valor… pero es momento de ver las pichurrinas y también lo que tienen las señoras ahí abajo”, ha explicado el director de la Biblioteca Nacional, aunque admite que ha arrancado dos páginas del incunable porque aparecía una vagina dibujada y “todavía es pronto para eso”. 

Más de 800 historiadores ya han pedido hora para acceder a los archivos a “estudiar” el ejemplar adquirido, que estará guardado bajo llave y requerirá un permiso especial para ser analizado por personas que prometan “no hacer cochinadas y no reírse”.

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