Debido al elevado precio de los alquileres y a un inoportuno dolor de muelas, después de pagar al dentista, Aarón Ramos, natural del barrio de Poblenou de Barcelona, se ha visto obligado a vivir en el hueco de su propia caries. «No está mal iluminado y de tamaño tampoco es que sea mucho más pequeño que mi piso», se sincera.
Cuando el empleado del mostrador de la clínica odontológica le ha comunicado el precio de la intervención, Aarón lo ha tenido claro y ha decidido mudarse a su propia caries. «Me gusta porque, al estar en mi boca, considero que es un lugar muy bien comunicado», declara en relación a la caries de su muela maxilar superior derecha. A Ramos también le ha convencido el hecho de que la caries ya esté pagada, así que no vivirá de alquiler como hasta ahora. «A la larga me ahorraré una pasta», comenta. «Y antes de que vivan bacterias en mi muela, prefiero hacerlo yo», añade.
Aunque inicialmente el dentista se ha mostrado contrario a la idea, finalmente ha acabado cediendo. «No lo tape, no, que esta noche duermo aquí», le ha insistido el paciente al especialista. «En principio la idea es vivir solo, pero no descarto algún día buscar un compañero de caries porque al fondo, en la zona más oscura, hay sitio de sobra para una cama», reflexiona el inquilino y propietario de su propia caries.
Provocarse caries para disponer de un lugar en el que vivir es una práctica cada vez más habitual en España. Desde las subidas masivas de los precios de las viviendas, el consumo de azúcar se ha disparado, especialmente entre los más jóvenes. De momento, el único problema que han encontrado los habitantes de las caries es el mal olor y el ruido de las propias conversaciones.
«Mi sueño es tener una segunda residencia en la muela del juicio, pero me tendría que tocar la lotería para esto», dice Ramos.










Menos mal que es una muela superior porque imagínate vivir en una de la mandíbula inferior y todo el rato moviéndose. Se te desordena todo, se te queda todo tirado por en medio…