«Con las gafas puestas, veo a Pedro Sánchez en la tele y me digo: ‘Qué guapo es y cuánta razón tiene, se merece mi voto’. Si me quito las gafas, me fijo en lo de la trama Koldo, en la vergüenza de la Ley Mordaza, veo los grandes problemas de la vivienda… cosas que antes veía claras con gafas y que ahora solo percibo borrosas, como si solo viera nítida la propaganda». Con estas palabras se quejaba la semana pasada un cliente de Óptica Odilio, de Badajoz, que encargó unas gafas progresivas. Después de revisar el pedido, el encargado de la óptica se percató de que, por culpa de una errata, le había entregado unas gafas progresistas.
La tienda ha mandado a revisión las gafas progresivas que ha vendido a casi 24 clientes en los últimos meses. «Algunos de ellos sí se estaban sintiendo adoctrinados y no sabían por qué. A veces cuesta darse cuenta de que se ve la realidad con una óptica sesgada», explica el dueño del negocio. Otros, en cambio, se niegan a devolver las gafas progresistas: «Veo la realidad que quiero ver: una España que funciona, que es el bastión de la democracia europea frente al avance de los autoritarismos, una izquierda más fuerte que nunca. Estaba de bajón con el escándalo de Errejón, fui a recoger estas gafas y se me pasó la crisis de fe», razona una de las clientas de Óptica Odilio.
«Muchas veces hay que deformar el cristal con que se mira para que la imagen que llega al cerebro no nos confunda ni nos maree. A algunos les conviene ver peor lo que tienen delante para centrarse en la mirada de lejos, en cambio otros piden cristales oscurecidos para que la luz potente de algunos medios no les ciegue, así no chocan con los obstáculos que tienen justo enfrente. Por este motivo, cuando una persona que lo ve todo mal de cerca se pone las gafas progresistas, nota que algo raro está pasando y siente que preferiría la ceguera al engaño de los sentidos. Hoy en día lo que se lleva son las gafas polarizadas, esta es la verdad», razona el encargado del local.
La misma óptica tuvo que retirar el año pasado unos prismáticos de largo alcance que provocaban ansiedad, pues permitían vislumbrar el fin del mundo por efecto de las guerras y del calentamiento global. «Mucho cuidado también con las gafas de ver de lejos, no vayamos a ver cosas que no queremos ver», advierten desde la tienda.









