Numerosos medios de comunicación se han trasladado hoy al Colegio Virgen de la Piedra, situado a las afueras de Bilbao, donde un niño vasco de cuatro años ha conseguido meter la figura cuadrada por el hueco triangular en un juego de lógica.

“Siempre ha sido bruto, ya desde muy pequeño usaba una hormigonera como sonajero. Sin ella no se dormía”, explican los padres de Patxi, muy esperanzados con el futuro de su retoño, pues creen que tiene aptitudes para sorprender a la comunidad científica cuadrando el círculo a golpes.

“Impresiona ver cómo alguien tan pequeño puede recurrir al pensamiento lateral con los puños, pero es cada vez más frecuente”, reconoce la tutora del pequeño, presente en el aula en el momento de los hechos. “Les pides que hagan el retrato de un gatito en la clase de Plástica y salen al patio, cazan un gato a pedradas y lo pegan al papel con celo”, asegura. La tutora cuenta también que en el centro las piezas de Lego raramente se usan para construir: “Te hacen una réplica de una merluza a la Koskera y luego se la comen”, dice.

Ejemplos como el de Patxi son cada vez más frecuentes y obligan a los pedagogos a cuestionar los procedimientos educativos estándar, al menos en la comunidad vasca. “No les puedes enseñar que el aceite no se disuelve en agua porque ellos lo disuelven porque son de Bilbao”, declara Egoitz Merino, jefe de estudios del centro. “En vez de hacer figuras con plastilina, le clavan un pincho y se la tragan, necesitan otros recursos”, insiste.

“Cada comunidad tiene sus propias particularidades”, reconoce un portavoz del Ministerio de Educación. En Murcia, por ejemplo, los niños han caído en el sedentarismo desde que se les ha prohibido seguir jugando al fútbol con la cabeza cercenada del profesor de Educación Física. “Hay que buscar soluciones, aunque haya que traer profesores de fuera”, reconocen desde la región.