¿La monotonía amenaza tu vida sexual? ¿Echas de menos el condimento de lo exótico? Tenemos una buena noticia para ti: No necesitas gastarte un dineral viajando con tu pareja al país más lejano o comprando juguetes esperpénticos en el sex shop más cercano. Tu propia casa aún alberga rincones vírgenes esperando a ser descubiertos. Sólo necesitas contemplarlos con otros ojos.

Por ejemplo:

¿Sabías que las paredes de pladur contienen una cámara de aire en su interior? A menos que os asusten los espacios cerrados, las entrañas de esos endebles tabiques os proporcionarán un ambiente íntimo difícil de superar.

Si eres aficionado a prácticas como el “bondage”, la mesita de la tele satisfará tus deseos más perversos. Todos conocemos esa tendencia que tienen los cables a enredarse entre sí como si tuvieran vida propia. Revuélcate entre los de la consola, los de la tele, los de la terminal de TDT, los del router, los de los auriculares. Acabarás atado de pies y manos con unos nudos que no conseguiría deshacer ni el gran Houdini.

¿Eres de los que piensan que malgastaron su dinero cuando compraron esa bicicleta estática que permanece muerta de risa en el salón? Quizá haya llegado el momento de amortizar dicho artilugio. Si os amáis en sus inmediaciones podréis darle uso a la bici estática colgando en ella la ropa mientras os desnudáis, en lugar de dejarla tirada por el suelo como vulgares alimañas.

Si buscas algo caliente y te va el riesgo, el cestito de los cubiertos del lavavajillas es tu sitio ideal: abrasador y húmedo como una sauna clandestina, rodeado de objetos punzantes y restos de comida reseca. Os sentiréis más sucios que nunca y viviréis una experiencia extrema como pocas.

La cama. Pensarás que es una excentricidad y un sinsentido, pues en la cama se duerme, que es lo contrario a la excitación. Pero probad a hacer el amor encima del mullido colchón, no está tan mal. Aunque sea sólo por variar, la experiencia habrá merecido la pena.

Por último, nunca está de más recordar que siempre queda la opción de tener sexo en el recibidor, pero sólo si eres uno de esos nostálgicos que saben apreciar un buen felpudo.