A Ginés Antúnez, de 27 años, abrirse una cuenta en Instagram le ha cambiado completamente la vida. Tras sólo dos semanas fotografiando platos de comida y recomendando restaurantes a sus más de 35 seguidores, este joven madrileño acaba de ser ascendido de ‘foodie’ a ‘gordi’. “Es un premio a la constancia”, reconoce.

Ginés asegura que todo le está pasando muy deprisa y que apenas ha tenido tiempo para digerirlo. “Empecé yendo a sitios nuevos, modernos, para fotografiar los platos y valorar la presentación. Pero el hambre aprieta y al final acabé priorizando los sitios donde había más cantidad de comida, hasta el punto de pasar de Le Bistrot de Chamberi a un menú del Burger King, que es lo que al final te sacia”, se sincera. Ahora, sus reseñas son de locales con muchos camiones aparcados fuera en vez de “sitios finolis con raciones de pajarito”.

“Al principio ponía filtros y cuidaba mucho la presentación, pero ahora se limita a fotografiar platos con restos de comida o el interior de su boca mientras mastica”, declara uno de sus seguidores. “Cuando me di cuenta había ganado más kilos que seguidores”, reconoce el ‘gordi’.

Fuentes cercanas a Ginés aseguran que se ha tenido que comprar un palo para “selfies” de dos metros de longitud para poder salir en las fotos. “Creemos que en menos de dos semanas pasará de ‘gordi’ a ‘obeso mórbidie’”, alerta su familia. “Su Instagram ahora mismo está lleno de torreznos”, apuntan sus allegados.

El médico de Antúnez pide a los restauradores que se abstengan de invitarlo a cambio de posts en sus redes sociales, pues están fomentando su obsesión por la comida. “Va a reventar y al final se hará viral por gordo, no por gourmet”, dice.