Un informe del Departamento de Otorrinolaringología del Hospital Clínic de Barcelona constata que el 93% de los españoles usa de forma habitual los bastoncillos de algodón para limpiarse las orejas y en el proceso es normal que algunos de estos bastoncillos, entre quince y veinticinco, se queden atrapados en la zona interna del oído, provocando en ocasiones ciertas patologías auditivas, pérdidas de audición, heridas, infecciones y perforaciones.

“El 74% de la población sabe que los bastoncillos pueden contribuir a la aparición de problemas de oídos, pero atribuyen esos problemas al hecho de frotar con demasiada fuerza con ellos. Por eso hay gente que introduce el bastón completamente en el oído y lo deja allí varios días para que vaya limpiando. Es un error”, informan los expertos.

Mover la cabeza de forma brusca de un lado a otro con un “ramillete” de bastones dentro de cada oído es una práctica desaconsejada por los médicos pese a que se ha popularizado en los últimos años. “Fui al médico y me extrajo 32 bastoncillos de la oreja izquierda y 45 de la derecha, parecía un truco de magia”, reconoce uno de los pacientes, ya completamente sordo de un oído. “La cosa es que, sin bastoncillos dentro, noto cómo me entra todo el aire en el agujero y me molesta”, confiesa.

El estudio, difundido esta mañana, asegura que la capacidad auditiva del español medio es muy deficiente por la presencia de estos bastoncillos de algodón, y que “si oyeran bien, los españoles descubrirían que no tienen que repetir las cosas tantas veces, la comunicación entre ellos mejoraría sustancialmente y les cambiaría el humor”.

La pésima audición de los ciudadanos explica también los grandes éxitos de la música en España. “Son muchos los pacientes que se vuelven a meter bastones en la oreja para seguir disfrutando de Malú, Despacito u Operación Triunfo, empezar de cero musicalmente les supone una tarea demasiado difícil que además les haría sentir socialmente desplazados”, confirman los médicos.

Sin embargo, pese a la insistencia de informes como el del Clínic, los españoles no parecen enterarse de las recomendaciones de los especialistas y siguen empeñados en el uso del bastoncillo. “El bastón que metes en la oreja pasa al esófago, luego al estómago y al final lo cagas, habiendo limpiado todos los conductos por el camino”, puede leerse en algunos foros de la red.