Un pasajero de 24 años se cayó la semana pasada del avión durante un vuelo regular de Lufthansa que viajaba de Düsseldorf a Lanzarote. De acuerdo con la tripulación, el joven no se había tomado en serio las normas de seguridad que se detallan al comienzo del vuelo y para las que se pide explícitamente la atención de todos los viajeros.

“Igual se creyó que seguíamos este protocolo sólo por diversión”, comenta la azafata Monika Hübner, indignada por la irresponsabilidad del pasajero accidentado. “Hemos salvado muchas vidas con nuestras explicaciones”, añade.

Excepto por su último grito de “¡Mierda, tendría que haber prestado atención!”, escuchado por varios testigos, se desconoce la secuencia exacta de acontecimientos que propició la desgracia. Lo único que se sabe es que el asiento del pasajero no se encontraba en posición vertical y que la mesa plegable de delante se desplegó de forma inesperada cuando ocurrió el accidente. Según un testigo ocular, el joven tampoco se había abrochado el cinturón de seguridad y si sobrevivió fue por puro azar. Los demás pasajeros salieron ilesos porque siguieron al pie de la letra las instrucciones de la tripulación.

Estas instrucciones vitales para la seguridad se ignoran de forma reiterada, según explica el personal de a bordo. Recientemente, en 2011, una mujer se estrelló en un avión de la aerolínea española Vueling porque había olvidado poner su teléfono móvil en modo avión. Lufthansa se compromete a incorporar estos accidentes en sus presentaciones a bordo como ejemplos disuasorios.

Artículo original de Der Postillon.