Agosto de 2015. María Antonia Trujillo, vecina de Getate, abandonaba a su perro en una gasolinera situada en el kilómetro nueve de autopista Madrid-Valencia. El motivo: María Antonia y su marido se iban de vacaciones a Denia y en el apartamento que habían alquilado no estaba permitido tener animales. Esa fue la última vez que María Antonia vio a Chispas, un perro mezcla de pastor alemán y galgo que, durante cinco años, había sido la alegría de la casa. Hasta ayer por la tarde. Fue entonces cuando María Antonia y Chispas se reencontraron en la gasolinera donde María Antonia acababa de ser abandonada por su propia familia.

“No me imaginé que siguiera aquí, la verdad”, dice María Antonia, ahora una anciana de 83 años, mientras acaricia el lomo de Chispas.

Según varios testigos, el reencuentro ha sido muy emocionante: Chispas ha reconocido al instante a María Antonia y se ha puesto a dar saltos y a mover el rabo. Una suerte sin duda, sobre todo para María Antonia, porque el encuentro se ha producido en uno de los momentos más complicados de su vida, uno de esos tragos amargos ante los que a veces nos sitúa la existencia: ser abandonado por los tuyos.

Según María Antonia todo ha sucedido de forma muy rápida: “Ha dicho mi hijo que íbamos a echar gasolina. Yo me he bajado a echar un pis y cuando he salido ya no estaba el coche”. La anciana, según explica, se ha sentido desorientada y traicionada a partes iguales. “Me ha costado entender cómo han podido hacer algo así”, explica sin dejar de acariciar al perro.

“Lo que ha hecho mi familia conmigo, yo no lo hubiera hecho jamás”, asegura la anciana.

Un golpe muy duro, sin duda, y llevado a cabo de la forma más cruel posible. Según María Antonia la han tratado peor que a un perro. “Al menos al Chispas le tiramos un palo para que fuera a buscarlo y luego pudo ver cómo se iba el coche, incluso corrió para intentar alcanzarnos”, aclara María Antonia, y añade que “yo no estoy para correr pero ni siquiera me han dado esa oportunidad”.

Según María Antonia, su perro supo en todo momento que ella le estaba abandonando, “una suerte que yo no he tenido y por eso me he tirado media hora dando vueltas por la gasolinera como una mema, hasta que me he dado cuenta de lo que había pasado”.

“Tú me comprendes, ¿verdad, Chispas?”, pregunta María Antonia al perro.

Ahora, tras el reencuentro, María Antonia sólo tiene una preocupación: “Lo mismo tengo que dejar a Chispas otra vez aquí, porque llevo un rato haciendo autoestop y todos me dicen que con el perro no me pueden coger. Así que no sé… voy a ver si encuentro un palo para tirárselo”.