Saber cuántos metros tiene nuestra vivienda es fundamental, sobre todo si estamos pensando en venderla. El número de metros afecta de forma directa al precio final. Pero, ¿sabes cómo debes medir tu vivienda?

El primer paso es entender bien la diferencia entre metros construidos y metros útiles.

Metros construidos. Donde veas ladrillo, eso es metro construido. Si en lugar de ladrillo hay un árbol o un señor disfrazado de Bob Esponja repartiendo globos a los niños, eso ya no es metro construido.

Metros útiles. Son las habitaciones de la vivienda que sirven para algo, como por ejemplo la cocina, el salón, el baño… La habitación donde tienes a la abuela metida en cama las veinticuatro horas o la de tu hijo adolescente que nunca sale de su cuarto tendrán la consideración de “metros inútiles” y, por lo tanto, no cuentan. Y al contrario: si cada vez que el vecino de al lado pone La Macarena parece que Los del Río están en tu casa, podrás considerar su salón como metros útiles de tu vivienda.

Otra duda que conviene aclarar es el sistema de medición a utilizar, que puede variar según la comunidad autónoma:

Murcia: El tamaño de las viviendas se calcula gritando. El tiempo que tarde el grito en rebotar contra la pared y regresar a la fuente de emisión, nos indicará si la casa es grande (lo que en el resto del país se entiende por “pequeña”) o pequeña (lo que en el resto del país se entiende por “ascensor”).

País Vasco: El tamaño se mide metiendo piedras en la vivienda hasta que no caben más. Sesenta piedras equivaldrían a un metro cuadrado.

Cataluña: Los pisos se miden en Hermanos Pujol. Si en una residencia caben todos los hermanos Pujol, se dice que “la casa és gran”.

Andalucía: Todo se mide en litros de Cruzcampo. Una casa de tamaño normal puede medir unos 150 botellines.

Comunidad Valenciana: Para medir una casa, se le prende fuego y luego se pesan las cenizas.

En el resto de regiones españolas no se miden los pisos porque no existe el mercado inmobiliario, la gente vive en su casa de toda la vida y ni siquiera se plantea un cambio.

Hechas las primeras aclaraciones básicas, toca ponerse manos a la obra.

Nos situamos en el centro de la casa, donde esté el televisor, equipados con la cinta métrica. Es importante que la cinta métrica mida más de un metro. Para asegurarte, deberás medirla con otra cinta métrica, y así sucesivamente.

Una vez comprobado que la cinta métrica es apta, empezamos desenrollándola todo lo rápido que podamos. Como la cinta métrica se enrolla sola, tendrás que correr a más de veinte kilómetros por hora por toda la casa para ser más rápido que ella. Es posible que falles varias veces, dependiendo del fondo que tengas al correr.

Como las casas están llenas de recovecos e irregularidades, tendrás que trazar varias líneas convergentes hacia un mismo punto desde cada esquina de la habitación y esperar a que haya noche de luna llena. A las esquinas normales las llamaremos e1, mientras que a los puntos anómalos los designaremos con e2, y e3 para las columnas. Como la luna se desplaza siempre a la misma velocidad, sabemos que el tiempo que la luna tarda en llegar de e1 a e2 es proporcional a la distancia que recorre: su diámetro (2RL). Y que el tiempo que tarda en atravesar la sombra que va de e2 a e3 debe ser proporcional a 2RE’-2RE (que es la distancia entre la posición de la luna en e2 y la posición de la luna en e3). Entonces: 2RL/(e1-e2) = (2RE’-2RE)/(e2-e3). La fórmula, por supuesto, no es aplicable cuando hay eclipse.

Otra forma sencilla de calcular lo que mide tu casa es consultar el sueldo que tienes. La cifra suele ser proporcional. Un sueldo de mierda suele equivaler a un metro cuadrado.