Ricardo Aparicio, alicantino de 43 años, ha simulado esta mañana su propio orgasmo mientras se masturbaba con la intención, según dice, de “hacerme creer que estaba disfrutando de verdad, porque para mí es importante”. Considera que “exagerar de vez en cuando el placer” es bueno para la autoestima, y si hay alguien que puede contribuir a reforzar su autoestima es él mismo.

“He gritado incluso más que cuando tengo un orgasmo de verdad, pero no me he dado cuenta, yo diría que ha colado”, explica Aparicio, que considera que “no es autoengaño porque en el fondo yo disfruto oyéndome disfrutar aunque no disfrute, así que a fin de cuentas yo disfruto y, por tanto, no miento aunque haga ver que disfruto porque, lo vuelvo a decir, el resultado es que disfrutar, disfruto”.

Este soltero con años de experiencia masturbándose insiste en que “experimento más placer dando placer que recibiéndolo, con lo cual, aunque yo no experimente el placer del orgasmo en mis propias carnes, sí experimento el placer de provocar un orgasmo y no me pregunto si ese orgasmo es de verdad o no porque yo sé en el fondo que es mejor que no me haga esta pregunta porque sé la respuesta y es una puerta que no tengo por qué abrir”. Argumenta que “la parte racional de mi cerebro sabe que miento pero la parte emocional no lo procesa, así que, mientras las dos partes no crucen datos, irá todo de puta madre”.

Esta noche, Aparicio planea forzarse un poco “porque me gusta obligarme a masturbarme cuando no me lo espero, como por la fuerza, me pone la adrenalina a tope”. Aclara que “no es violación porque soy yo, todo queda en casa”.