Tras analizar más de cien partidos, tanto a nivel profesional como amateur, diversos expertos han llegado a la conclusión de que la mayoría de tenistas exagera o finge sus gemidos al sacar.

En un pequeño sondeo realizado por el Instituto Kinsey de la Universidad de Indianápolis a más de veinte tenistas de entre 18 y 35 años, los que corroboraron la práctica del fingimiento en determinadas ocasiones afirmaron hacerlo “para que el partido acabara cuanto antes”, “para que el público no se sintiera mal” o “porque no me concentraba y no tenía ganas de dar explicaciones”.

El 80% de los tenistas confiesa que grita más cuanto más se acerca el final del partido, pero muy pocos lo hacen delante de su entrenador, por timidez, o por no ofender a una figura autoritaria. Sólo uno de cada cinco tenistas encuestados reconoce llegar al clímax durante el primer set.

Numerosos tenistas también se niegan a jugar sus partidos alegando misteriosos dolores de cabeza. Varios expertos coinciden en que la profesionalización del deporte exige tanto a los jugadores que éstos acaban perdiendo la capacidad de disfrutar.