Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) difundida esta mañana confirma que dos de cada tres españoles se ha ocultado alguna vez tras una identidad falsa para pedir pizza con piña. El dato explica que las franquicias de pizza a domicilio no hayan eliminado esta variedad de sus cartas pese a que, en público, todo el mundo reniega de la costumbre de añadir fruta a la pizza.

“Cuando llaman y oyes una voz como robótica, muy grave, ya sabes lo que van a pedir. Lo normal, además, es que te citen en un callejón oscuro para que les entregues la mercancía”, explica un repartidor de Telepizza. “La semana pasada estaba en medio de una entrega en pleno Parque de Berlín, a las diez de la noche, se oyó como un ruido tras los arbustos y el cliente salió por patas tirando la pizza al suelo. Allí se quedó porque llevaba piña”, relata otro empleado de Domino’s. “Bueno, cogí un trozo del suelo porque me dio pena. Un trozo que no tenía piña”, agrega. “Porque la pizza con piña es una calamidad”, reitera.

Algunos encuestados han reconocido, siempre desde el más estricto anonimato, que lo habitual es encargar la pizza con piña a través de internet para evitar la interacción directa con otra persona. Luego, el cliente emplea un programa informático que borra todo el historial de navegación del ordenador e incluso borra el contenido del disco duro para que la transacción no pueda ser rastreada.

“Esta ‘trattoria’ con horno de leña es una tapadera. Detrás del mostrador hay un Telepizza en el que sirven una media de diez pizzas con piña cada hora”, explica un agente de la Policía Nacional. “No es ilegal, se trata de una tapadera de otro negocio legítimo. Otra cosa es lo que moralmente, como ser humano, uno pueda opinar sobre comer este tipo de cosas”, argumenta.