En su empeño por hacer la vida de los clientes más fácil, Bankia ha empezado a atar con cadenas de varios kilómetros los bolígrafos de sus sucursales para que los clientes que así lo deseen puedan hacer gestiones desde su casa. “Es lo mismo que un servicio de banca online, pero más barato”, asegura Clara Benítez, portavoz del banco.

La iniciativa está teniendo una muy buena acogida. Carmelo Vega, pensionista, afirma que valora las facilidades que Bankia ofrece a los clientes. “Me pongo muy nervioso cuando estampo mi firma”, explica. “Nunca me sale igual que la que tengo en el DNI, así que necesito una concentración que una oficina no me brindaba hasta ahora”, dice.

Así, Carmelo va cada día al banco, recoge los papeles pertinentes, coge un boli, camina los dos kilómetros de distancia hasta llegar a casa, sube hasta el quinto sin ascensor donde vive, se sienta, firma, se levanta, baja los cinco pisos, recorre de nuevo los dos mil metros, entrega el papel y deja el bolígrafo en su sitio.

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Algunos clientes han lamentado, eso sí, que los empleados de la sucursal tiren de la cuerda del bolígrafo a los 45 minutos, pues en muchas ocasiones no da tiempo a rellenar todos los papeles.

La entidad financiera espera con esta medida frenar también la sustracción de bolígrafos por parte de clientes y empleados. “En Bankia hemos tenido algunas malas experiencias relacionadas con robar”, explica Benítez. “Sin ir más lejos, algunos de nuestros consejeros se llevaron bolígrafos por valor de 23 mil millones de euros, por lo que nos vimos obligados a pedir un rescate”, lamenta.

Tras el éxito de la propuesta, Bankia está barajando la posibilidad de implementar este método a otros servicios que ofrece. El más inminente consistirá en teclados de cajeros automáticos con cadenas, para que los usuarios puedan ir a su casa y teclear el número secreto de su tarjeta sin miedo a que nadie les espíe.