Dieciséis personas han fallecido como consecuencia de diversos impactos de melón en la nueva festividad de la localidad valenciana de Buñol. El intento de crear una versión invernal de la célebre “tomatina” se salda con un balance trágico y pone en duda su continuidad el año que viene, según ha informado el propio consistorio.

La celebración comenzó de manera festiva. El primer melón alcanzó el torso de una señora que cayó al suelo y, entre risas, se fracturó la cadera. El segundo fue celebrado por los más pequeños, ya que impactó de lleno en la cara de Ginés Corbera, el profesor de matemáticas del instituto de Buñol, dejándole sangrando e inconsciente. El tercer proyectil mató a la suegra del alcalde, que advirtió de que “a ver si tenemos un poco más de cuidado” justo antes de dar la orden de continuar con la fiesta.

Cuando un melón provocó la decimosexta baja, la comisión de fiestas consideró que la celebración debía cesar, ya que se corría el riesgo de manchar el buen nombre del melón y de que superara a la piña en la pizza como fruta más odiada por los españoles.

Mari Carmen, mujer de uno de los fallecidos, muestra su indignación con la organización. “Hasta que un melón lo mató, mi Genaro se lo estaba pasando fetén. Igual que los niños. Lo que él hubiera querido es que la celebración hubiera proseguido”, comenta. Unas declaraciones que se contradicen con las últimas palabras de Genaro, que, según fuentes presenciales, fueron “Mari Carmen, eso no es una piña, es una llave inglesa… ¿Qué haces?”.

El departamento de I+D de las fiestas de Buñol admite en una nota de prensa que “no hemos calibrado bien la propuesta. Un melón no tiene la misma consistencia que un tomate”. Aun así, añade que la progresión es positiva si la comparamos con los cuarenta y cuatro fallecidos de la “bombonina de butano de Buñol” de 2014 o los treinta y uno de la “tractorina” de 2015.

Después de la recomendación de la OMS de usar proyectiles más pequeños, Buñol baraja utilizar en 2017 cuchillas de afeitar, que pesan menos.