Cientos de fumadores que habían salido de sus casas a por tabaco para no regresar están siendo devueltos a sus hogares esta semana tras años de cautiverio.

Los estanqueros admiten que ya no pueden seguir reteniendo a sus clientes y justifican estos años de secuestros indiscriminados apelando a la necesidad de mantenerse a flote pese a las duras campañas contra el tabaquismo que amenazaban su sustento.

“Salí un momento de casa para comprar un paquete de Ducados. El estanquero me dijo que tenía que elegir entre el tabaco y mi familia, que tenía que comprometerme con una de las dos cosas. En aquellos tiempos yo estaba muy enganchado, no tuve opción”, confiesa entre lágrimas uno de los esposos liberados.

Muchos de estos maridos retenidos tendrán que buscar ahora su hueco en la sociedad y aceptar que sus mujeres han rehecho su vida. “Mi esposa pensó que lo de salir a por tabaco era una excusa. Y lo entiendo”, lamenta otra de las víctimas.

“Dudé de él y me casé con otro a los diez años de su desaparición. Soy un monstruo, soy una persona horrible”, declara desconsolada una madre de familia que estaba convencida de que su pareja se había fugado con otra mujer veinte años más joven que ella. “Su único pecado fue fumar”, insiste.

El Gobierno ha abierto una investigación para aclarar los hechos y no descarta forzar a los fabricantes de tabaco a añadir en las cajetillas la advertencia “Fumar puede apartarte de los tuyos para siempre”.